
El interior del edificio tampoco pasa desapercibido. Como el propio Siza afirmó en una entrevista, el espacio central desde el que se puede visualizar no sólo las entrañas de la escultural obra, sino también los recorridos generados allí, busca reflejar la topografía característica del entorno, pretende provocar esa fusión con la naturaleza circundante. De esa forma consigue contrastar, reubicarse en el momento actual, con respecto a la promenade architecturale lecorbusierana.
Resulta difícil no querer imaginarse cuáles hubieran sido las impresiones que se hubiese llevado Le Corbusier si hubiera podido visitar el edificio Iberê Camargo. Probablemente hubiese anotado la importancia de la luz, de cómo ésta incide rotundamente en los muros de hormigón iluminándolos y creando penumbras en las zonas más recogidas (como en su descripción del paseo arquitectónico de la Villa La Roche). Asimismo, tendría en cuenta la importancia de los huecos, de las perspectivas que éstos abren hacia el exterior, donde, al igual que en la Villa La Roche se reencuentra con esa unidad arquitectónica, o, en este caso, natural-arquitectónica. A partir de estos momentos, los apuntes del arquitecto suizo introducirían nuevos conceptos con respecto a su desarrollada promenade architecturale. El primero podría ser ese paseo que trabaja a modo de envolvente para con el edificio y que no sólo lo recoge, sino que también lo abre al entorno. Pero no sólo eso, sino que consigue relacionarlo directamente con él, respetando esa estratigrafía, haciéndolo surgir de la montaña como si de ese ya nombrado bloque de mármol blanco se tratara y lo esculpe dándole la forma de la orografía del terreno próximo al mismo.

Como el propio Le Corbusier ya lograra en el Carpenter Center rompiendo con la geometría ortogonal vecina, Álvaro Siza también lo hace generando una arquitectura particular y diferente a cualquier construcción próxima. Y es que es probable que, aunque existan las anteriormente nombradas pero novedosas diferencias de la promenade architecturale, el proceso seguido por ambos arquitectos fuese prácticamente el mismo. Los dos reconocieron el terreno y buscaron adaptar en él el edificio. Los dos partieron de otras disciplinas artísticas y fueron aproximándose a la arquitectura (Le Corbusier contaba haber encontrado la solución al escribir un poema y Siza bucea en la escultura para buscar la misma respuesta) y los dos cuentan con un recorrido, cuanto menos, interesante, uno en forma de “S” y otro en círculos rodeando la envolvente del edificio, los cuales son los encargados de dar origen a esa promenade architecturale que en principio les hacía entrar en contacto (entre otras muchas cosas).

Pero como queda aquí patente, no es sólo este paseo el punto de conexión entre uno y otro edificio, sino que al seguir un mismo desarrollo, podría considerarse que se trata de un mismo proyecto que ha adquirido una diferente forma la cual ha venido impuesta por el lugar. Quién sabe si el Carpenter Center hubiera guardado un destacable parecido con el Iberê Camargo de haber sido construido en Porto Alegre, o si el museo de Siza se hubiese parecido al espacio dedicado a las artes visuales de la Universidad de Harvard de Le Corbusier si se hubiera levantado en Cambridge…

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