Quizá el hilo mediante el que podemos enlazar la obra de Le Corbusier con la de Toyo Ito sea la continuación de los principios básicos formulados por el gran genio suizo del movimiento moderno, la composición por partes o elementos (actualizando la versión, como también hizo el propio Le Corbusier cuando adaptó estos mismos principios procedentes de la academia), así como también esa deseada búsqueda de la transparencia y la homogeneidad. Le Corbusier lo lograría en algunos proyectos como el Centrosoyús (Moscú) dotando a la planta del edificio de una gran claridad, transmitiendo una idea perfecta de funcionalismo, colocando las piezas de forma nítida según un evidente y expresivo diagrama, como si de algo mecánico se tratara. O mejor aún, de algo orgánico, característica fundamental en la obra de Toyo Ito. Para él, lo mecánico ha sido reemplazado por lo electrónico, pero sigue luciendo el adjetivo de moderno. Y ahora, lo electrónico le presta mayor importancia a lo orgánico, con lo que podríamos afirmar que la obra de Toyo Ito, así como la de muchos otros arquitectos que tienen en cuenta este campo, bebe de aquel racionalismo lecorbusierano dotado de un funcionalismo que iba unido a lo biológico. Para el japonés, esa transparencia con la que el suizo dotaba a algunos de sus edificios, simboliza una aproximación del lugar y la extensión infinita del tiempo y el espacio, realmente un espacio geométrico transparente. Es este uno de los rasgos más destacables en la mediateca de Sendai, característica directamente asociada con la obra de Le Corbusier. Por ejemplo, en el Pabellón suizo de la ciudad universitaria de París, donde logra una voluntad arquitectónica exterior (al igual que sucede en el edificio en cuestión del arquitecto oriental), también consigue una satisfacción interior de todas las necesidades funcion ales. Sobre todo y para mayor relación, destaca la fenêtre en longuer (la ventana alargada), la cual demuestra que el cerramiento vertical ha dejado de cumplir una función estructural o sustentante pudiéndose abrir huecos de longitud ilimitada, buscando, muy probablemente, fundir el edificio con el paisaje entremezclando así la máquina con el entorno con sus consecuentes derivaciones evolutivas, muestra de las cuales, en la mediateca obra de Toyo Ito, aparecen unos “árboles” con sus respectivas “ramificaciones” a modo de elementos sustentantes.

Centrándonos precisamente en eso, adentrándonos en la mediateca de Sendai, estructuralmente el arquitecto busca desarrollar una unidad encapsulante en una sociedad de consumo como es la japonesa, una nación donde las relaciones sociales son enormemente más complejas que las occidentales, donde la gente cuenta con un número muy limitado de amistades, pero que ahora, gracias a un edificio como éste, todos esos contras pueden verses superados por nuevos pros. Y para conseguir atraer a la gente hacia esos nombrados pros, Toyo Ito crea una estructura y una envolvente atractivas, la primera con un remarcado carácter biológico, buscando probablemente crear semejanzas con lo exterior, de la misma forma que intenta generar sensación de ligereza en toda la obra, incluyéndola dentro de esa arquitectura del viento que él mismo describió una vez. Por todo ello, las imágenes que pueden verse tanto en revistas como en Internet de esas ramificaciones que forman la estructura, esos pilares que bien buscan parecerse a los árboles vecinos al propio edificio, son fotografías en donde la gente aparece sentada a la sombra del árbol o comiendo en una terraza. Estos actos, tan comunes en nuestra sociedad, no lo son tanto allí, con lo que la integración o la adaptación de la cultura occidental se introduce de la misma forma que Le Corbusier introdujo la espiritualidad oriental en su obra. Oriente en Occidente y ahora Occidente en Oriente. Se trata de una idea que bien puede ejemplificarse mediante un episodio vivido por Heidegger, quien se lamentaba de que, aún a pesar de mantener largas conversaciones con su discípulo el conde japonés Shuzo Kuki, que hablaba excepcionalmente bien el alemán, el francés y el inglés, no pudo llegar a conocer el significado de la palabra “iki”. El filósofo se autorespondía alegando que “los europeos vivimos en una casa muy distinta a la del hombre del Extremo Oriente, y un diálogo de casa a casa es, pues, imposible.” Para poder llevar a cabo dicho diálogo, tanto uno como otro debían conocer la forma de vida del opuesto, obteniendo así la respuesta a ya no sólo las formas de habitar sino también a las de relacionar. En este aspecto quizá fuese Le Corbusier uno de los arquitectos más adelantados, pues, con sus hoy conocidos viajes llegó a comprender y conocer las necesidades, las demandas, e incluso las formas de vivir y habitar de las gentes de cada lugar.
Hablando ahora de la envolvente, ésta consigue desdibujar el límite exterior con respecto al interior gracias a los avances tecnológicos, gracias a toda una capa envoltoria que consigue diluir esa transición de la calle al edificio. Además, el empleo de esas láminas transparentes que se tornan opacas con el reflejo de la luz del día, consiguen integrar a la mediateca con el entorno. A éstas se les suman otras láminas que rememoran a los separadores de papel de arroz comunes en la arquitectura vernácula, aunando así tradición y modernidad, pasado, presente y futuro. De esta manera, y mediante la independencia del mundo exterior, aparece un interior homogéneo y fácilmente confortable con la intención de eliminar barreras, aprovechar flujos de gente y abrir fronteras.
En cuanto a la disposición de los usos, encontramos que la mediateca de Sendai parece surgida partiendo del programa del Proyecto para las Naciones de Ginebra de Le Corbusier, donde se utiliza la superposición de estratos autónomos de distintos usos, permitiendo así una planta libre, al igual que sucede en el edificio de Toyo Ito. Esta ordenación estratigráfica, casi orgánica como los sedimentos de la propia tierra, podría funcionar como en una ocasión dijo el mismo arquitecto japonés, a semejanza de la piel humana. Con todo, deberá incorporar una relación interactiva entre el entorno artificial y el natural, cosa que logra proyectando esos grandes espacios en cada una de las plantas. Por su parte, los elementos de circulación y de servicio exhiben plásticamente su propia presencia y naturaleza. Aunque se trate de un todo, la mediateca está construida en diferentes bloques que, superpuestos, se mimetizan con el entorno buscando formar parte de la naturaleza.
Podría afirmarse que esta mediateca de Sendai, edificio surgido de las necesidades de nuestro tiempo, de la reunión de diferentes actividades contemporáneas, donde la tecnología juega un importante papel, es un edificio intemporal, atemporal, excluido del paso de los tiempos. Le ocurre exactamente lo mismo que a los principios de la composición por partes de Le Corbusier, que parecen haber sido indultados por la genialidad. Y es que se trata de una idea de organización funcional como también una manifestación de la expresividad donde se han trazado formas arquitectónicas a partir de la función.
Como comenta en la entrevista que le realizaron en El Croquis, este edificio puede tenerse en cuenta como un compendio de toda su teoría arquitectónica, teoría que ha ido desarrollando en paralelo (teniendo en cuenta la no contemporaneidad de ambos) al trabajo y las conclusiones a las que llegó Le Corbusier haciendo, tal vez, mayor hincapié en lo orgánico.
No me gustaría dar por finalizado este análisis sin al menos intentar relacionar a los dos arquitectos en los que se centra el presente texto de una forma hasta el momento no nombrada. Ambos cuentan con un discurso teórico poético, capaz de no dejar indiferente incluso a aquellas personas menos sensibles, y han conseguido generar toda una emocionante arquitectura no exenta de un factor que podríamos considerar como “extra”: se trata de lo mediático. Al igual que hizo Dalí para potenciar su obra, Le Corbusier creó todo un halo quizá de misticismo apoyándose en su experiencia ya no sólo laboral sino también personal y ahora, en esta ocasión, es Toyo Ito quien también lo hace, bebiendo de fuentes occidentales y fusionándolas con las orientales. Y con un discurso más que convincente, el genio suizo y ahora también el japonés, lo han conseguido con creces.